El hombre no es, se hace; es la educación la forja de la excelencia, en donde los seres humanos adquieren las habilidades, destrezas y condiciones para estructurar sus pensamientos conducentes a generar procesos transformadores que le dan sentido a su existencia. Al respecto Rousseau plantea:
En el actual estado de cosas, el más desfigurado de todos los mortales sería el que desde su cuna a sí propio le dejaran abandonado; en éste, le sofocarían su naturaleza los perjuicios, la autoridad, el ejemplo, todas las instituciones sociales en que vivimos sumidos, sin sustituir otra cosa. Semejante al arbolillo nacido en mitad de una vereda que muere en breve sacudido por los caminantes que tiran en todas direcciones de sus ramas[1].
En este sentido Rousseau considera que el hombre nace desprovisto, carente de inteligencia y es la educación quien lo dota de herramientas propias para entender y armonizar con su entorno, dado a que nacemos aptos para aprender, por ello, ésta (la educación) es efecto de la naturaleza, de los hombres y de las cosas. Para Sócrates la humanidad tiene que ser formada en todas sus dimensiones e incluso la política es pedagogía social en donde se forma al ciudadano para adquirir compromisos éticos con la polis y sus leyes; bajo esta misma concepción ideológica se encuentran los planteamiento esbozados por Kant[2], al establecer que el hombre es un ser educable, esto con el fin de explicar que la única forma que el hombre puede alcanzar su condición de ser humano, es mediante la educación, la cual le contribuye a construir su proyecto.
A partir de los siguientes postulados se argumenta que, educar es una tarea moral en la que tienen soluciones todos los problemas que aquejan a la sociedad moderna, dado a que en ella converge la necesidad de construir la sociedad de futuro, cuyos intenciones deben focalizarse hacia la conservación de la vida, a promover los valores de integridad, honestidad, respeto, tolerancia, entre otros; de igual manera ésta debe apostarle a capacitar al hombre para que soluciones sus necesidades básicas (vestuario, alimentación, vivienda, diversión, etc.), pero también a la formación espiritual y humana en aras de preservar la especie sin desarticular los propósitos del entorno; de igual manera, educar conlleva a enseñar a que nuestros estudiantes aprendan a lo largo de toda la vida e incluso cuando ya no estemos allí para ayudarle (Aprender – Aprender), a que desarrollen y reconozcan sus propias capacidades sin coartar su libertad. Dentro de este contexto la educación debe ser por y para la vida, y es allí en donde se le entrega respuesta al interrogante ¿POR QUE EDUCAR?.
En el mismo sentido, al pretender dar respuesta al interrogante ¿Para qué Educar?, no podemos desconocer el escenario económico, político y social en que actúa el hombre de hoy, que lo obliga a estar conectado con un mismo lenguaje y de una forma más ágil y oportuna, dado a que la restricciones fronterizas establecidas por los países desaparecen cada día, esto es lo que ha denominado el profesor canadiense Marshal Mc Luhan “Aldea Global”, un estado en donde los países se integran a través del comercio, pero que los conduce a compartir elementos de su cultura, religión, idioma, entre otros; siendo por ello que a partir de estos acontecimientos el mundo comienza a sufrir grandes cambios que exigen ingentes transformaciones en la educación. Para corroborar lo anterior la profesora Leonor Jaramillo, afirma que “La educación es el principal determinante de la calidad del trabajador; toda educación es una educación para el trabajo. La educación es el pasaporte de los individuos y de las naciones a la sociedad del conocimiento y a la aldea global con su proceso de globalización en todos los campos, en la economía, en las publicaciones, en la informática y la internacionalización de la cultura e inclusive en la educación”[3], estas afirmaciones exigen la construcción de un escenario adecuado de interpretación, nos permiten determinar los cambios globales que experimenta nuestra sociedad y de la misma manera conllevan afirmar que la información y el conocimiento son el factor más escaso de la economía a nivel mundial, siendo aquellos países poseedores de estos dos recursos quienes determinarán el rumbo de la economía internacional y por tanto, estos accederán a la riqueza y al desarrollo económico.
Por su parte Emile Durkheim insiste en que "El hombre que la educación debe plasmar dentro de nosotros no es el hombre tal como la naturaleza lo ha creado, sino tal como la sociedad quiere que sea; y lo quiere tal como lo requiere la economía interna"[4]; es por ello, que suele ser importante que las naciones direccionen sus recursos para educar a sus ciudadanos en saberes universales que les permitan estar a la par con el lenguaje de la “aldea global”, al mismo tiempo conduzca a cerrar la brecha generada entre países pobres y ricos.
En síntesis, en esta sociedad del conocimiento, denominada así por Peter Ducker, por ser productora y acumuladora de saberes y conocimientos; tiene que ser entendida como un proyecto transformador de individuos, capaz de generar imperativos categóricos que le permitan armonizar con su entorno y dirimir conflictos de los problemas de supervivencia de la especie; más no como un estado en donde la humanidad avanza en desarrollo de tecnología, acumulación de aparatos, dominio de mercado y mera competitividad. Es importante que dentro de este contexto en que se encuentra inmersa la humanidad no se hable de desarrollo sin que antes se haga referencia a la educación, entendiéndose ésta como un dispositivo para el perfeccionamiento de la naturaleza humana, tal como lo ha planteado Inmanuel Kant.
[1] ROUSSEAU, Jacques Jean. Emilio libro I, citado por Bowen – Hobson. Teorías de la educación: innovaciones importantes en el pensamiento educativo occidental. México: Limusa, 2004. p 133.
[2] KANT, Immanuel. Tratado de pedagogia. En: Kant y la pedagogía: fenomenología de la génesis individual y colectivo del imperativo moral. Comentado por VARGAS GUILLEN, Germán, Santiago de Calí, 2004.
[3] JARAMILLO, LEONOR. ¿Por qué y para qué educar?. Instituto de estudios en educación, Uninorte.
[4] DURKHEIM, Emile; CASTAÑO, Ines; CATAÑO, Gonzalo. Educación y pedagogía: ensayos y controversias. Bogotá D.C. – UPN, 1990
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