jueves, 30 de julio de 2009

MÁS ALLA DE LOS TEST: UNA NUEVA FORMA DE COMPREDER LA INTELIGENCIA


El estudio de la inteligencia ha sido sin duda uno de los mayores retos de los investigadores, a tal punto que diversas disciplinas pasando por la psicología, neurología, epistemología, educación entre otras, han emitido sus propias definiciones sobre la inteligencia humana. De allí se desprenden una serie de teorías divergentes (teorías modulares y constructivistas de la mente) que analizan la forma de operar la mente al momento de realizar procesos cognitivos (sencillo y/o complejos), al igual que su forma de medirla.

Existen unas concepciones teóricas tradicionales que consideran la mente como una estructura, sistema o mecanismo de carácter o propósito general, por tanto independiente y a la vez competente en cualquier contenido concreto de aprendizaje (García García, 2005), esto es, miran la mente como un gran balde vacío que se va llenando a lo largo de la vida con las experiencias y contenidos específicos, de acuerdo a los procesos de aprendizajes (Concepción Conductistas – “Tanquam Tabula Rasa”). Mientras que la teoría triárquica de la inteligencia de Sternberg, llama poderosamente la atención, por ser una de las pioneras en ir contra el enfoque psicométrico y emitir un enfoque cognitivista. Este enfoque un tanto innovador, plantea la existencia de tres dimensiones diferentes, aunque relacionadas entre sí, estas son: la inteligencia componencial o analítica; la inteligencia experiencial o creativa; y la inteligencia contextual o práctica (Sternberg, 1988).
La inteligencia analítica se mide con tareas relacionadas con la aplicación de los metacomponentes, componentes ejecutivos y de adquisición de la información, a problemas de contenido verbal, numérico y figurativo. La creativa se evalúa mediante problemas cuya solución exige procesos de introspección a contenidos verbales, numéricos y figurativos. Mientras que la inteligencia práctica se evalúa mediante la aplicación de los componentes a problemas de las tres modalidades anteriores que hacen referencia a la vida práctica (Sternberg, et. al., 2000).

Como indican Sternberg y Clinkenbeard (1995), el pensamiento analítico, creativo y práctico está presente en todas las áreas y situaciones de la vida. Para los autores lo que difiere a través de las áreas no son los componentes de procesamiento de la información implicados, sino más bien, los contenidos y las representaciones. Así, debemos suponer que estos tres aspectos de la inteligencia, tienen un ámbito de aplicación más general que la forma de representación del contenido.

Por otra parte, los autores aseguran que los diversos componentes de inteligencia actúan conjuntamente; esto es, los metacomponentes activan los componentes de ejecución y de adquisición de conocimientos; y estos últimos proporcionan, a su vez, una retroalimentación a los metacomponentes. Aunque se pueden aislar diversas clases de componentes de procesamiento de información recurriendo a situaciones experimentales, en la práctica los componentes funcionan conjuntamente y de forma estrechamente interactiva. Por lo tanto, los diagnósticos e intervenciones pedagógicas necesitan tener en cuenta los tres tipos de componentes en interacción, y no considerarlos aislados e independientementes. Pero la comprensión de la naturaleza de los componentes de inteligencia, no es suficiente para comprender la naturaleza de la inteligencia, ya que la inteligencia es más que un conjunto de componentes de procesamiento de información.

Difícilmente podemos comprender la naturaleza de la inteligencia limitándonos a estudiar los componentes de procesamiento que se realizan en los test de inteligencia. Hay otras dimensiones de la inteligencia que contribuyen a las diferencias individuales en rendimiento, tanto en situaciones de test como fuera de ellas.

A partir de estas consideraciones teóricas, Sternberg (1993) elabora un nuevo instrumento de evaluación de la inteligencia triárquica: El Sternberg Triarchic Abilites Test (STAT) con diferentes niveles según el ámbito de aplicación (Sternberg, 1991). El test STAT es un instrumento de evaluación de la inteligencia triárquica elaborado para medir los tres aspectos de la inteligencia, el analítico, el práctico y el creativo, dentro de cada uno de los cuales se incluyen tres modos de presentación, el verbal, el numérico y el figurativo.

Sin duda, la inteligencia mirada desde cualquiera concepción teórica, se encuentra dimensionada a un contexto, el cual no puede ser medido con facilidad por los test psicométricos. Por tanto se reconoce la intención de los investigadores para tratar de explicar la estructura mental de los humanos, mediante pruebas estadísticas, pero lo que no se puede admitir es que a través de dichos instrumentos se pretenda direccionar el futuro de los jóvenes, conociendo las deficiencias que dichos instrumentos poseen.

BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA GARCÍA, Emilio. Teoría de la mente y desarrollo de las inteligencias. Revista Educación, Desarrollo y Diversidad, Vol. 8. Universidad Complutense de Madrid, 2005.

STERNBERG, R.J. (1988). The triarchic mind: A new theory of human intelligence. Nueva York: Viking.

STERNBERG, R.J., & CLINKENBEARD, P.(1995). A triarchic view of identifying, teaching, and assessing gifted children. Roeper Review, 17, 255-260.

STERNBERG, R.J.; PRIETO MARIA D; CASTEJÓN, Juan L. (2000). Análisis factorial confirmatorio del Sternberg Triarchic Abilities Test (nivel-H) en una muestra española: resultados preliminares. Revista Psicothema, Vol. 12, nº 4, pp. 642-647.

STERNBERG, R.J. (1991). Theory-based testing of intellectual abilities: rationale for the triarchic abilities test. En H.A. Rowe (Ed.), Intelligence: reconceptualization and measurement. Hillsdale, NJ: LEA.

LA EVALUACIÓN: UN MECANISMO PARA CONTROLAR LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN


El estudio de la evaluación se ha constituido en los últimos años en objeto de análisis y debates en los diferentes estamentos educativos Colombianos, generando con ello espacios de disertación en donde se pretende realizar cambios profundos en la legislación que rige los actuales métodos evaluativos (Foro Nacional de Evaluación); esto atendiendo las exigencias que impone la globalización de las economías, en donde se requiere a un hombre con pensamiento global y crítico, capaz de afrontar retos, dotado de creatividad, confianza en sí mismo y deseoso de seguir aprendiendo. Siendo así que las instituciones de educación superior en el país, deben estar abocadas en la actualidad en asumir, entre otros desafíos el desarrollo de modelos, metodologías, estrategias de evaluación y herramientas, que le permitan generarle a sus estudiantes y egresados las competencias necesarias para hacerle frente a este panorama; por tanto la estructura organizacional, los principios corporativos (misión y visión) al igual que los proyectos educativos institucionales deben ser coherentes con el sistema evaluativo, si se desea estar acorde con los estándares internacionales.
Para los estudiosos del tema, es claro que la evaluación es el eje central del proceso educativo, dado a qué está se encuentra muy ligada a la calidad del sistema, ya que sí en la práctica docente se parte de una evaluación que desarrolle integralmente todas las etapas del ser humano y emplee elementos cualitativos y cuantitativos, sin duda estaríamos frente a nuevo paradigma de formación que coadyuvaría a elevar la calidad de la educación y a generar una sociedad más justa equitativa y gestora de su propio cambio. Al respecto Arancibia plantea, “La educación, considerada como un proceso de transformación que involucra cambios entre los factores y los productos, debe contar con un “sistema de control” que permita saber cómo éste está operando, si los productos finales se adecuan a los estándares de calidad preestablecidos, qué tan eficiente es la operación del proceso, etc...” .

Es allí que todo proceso educativo independientemente del tiempo de duración, requiere de los respectivos controles intermedios que coadyuven a detectar las deficiencias que se pueden generar en el transcurso de este proceso, y así poder garantizar el correcto aprendizaje del educando. De igual manera, los controles finales son esenciales para corroborar que lo aprendido por el educando esté acorde con las exigencias de la sociedad.

Por lo tanto, no se puede concebir un sistema educativo enseñando sin obtener información de lo que se está aprendiendo, esto puede acarrear procesos equívocos y/o de mala calidad, lo cual iría en detrimento del componente social, político y económico de la Nación. Es por ello, que es recomendable supervisar el aprendizaje del estudiante, obteniendo información de una manera holística del proceso de enseñanza-aprendizaje (Psacharopoulos, 1992).

Dentro de este contexto, las evaluaciones educativas pueden ser consideradas, una forma eficaz de ayudar a mejorar los resultados del aprendizaje. Claro está, que medir los conocimientos de los estudiantes per sé no resultará un mayor rendimiento académico. Sin embargo, constituye una condición necesaria para poder: establecer objetivos cuantitativos, evaluar diferentes alternativas para la asignación de recursos, combinación de insumos y/o tecnologías pedagógicas, asignar recursos y esfuerzos para lograr los objetivos que se definan (Horn, Wolff y Vélez, 1991).
En síntesis, los procesos de enseñanza-aprendizaje son uno de los principales recursos con los que cuenta un país, para generar bienestar, seguridad y equidad, convirtiéndose en un mecanismo emancipador de la sociedad. Al respecto Delors establece: “La educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social” (Delors, 1996: 13). Siendo así, que la evaluación educativa satisface dicha demanda, debido a que facilita los canales para comprender los significados de la práctica pedagógica de los educadores, con el propósito de encausarla y orientarla hacia los objetivos propuestos.

Un buen sistema de evaluación requiere de educadores comprometidos, dispuestos a generar grandes cambios y transformaciones en la educación nacional, empezando por las prácticas pedagógicas tradicionalistas gestadoras de educandos conformistas, apáticos y carentes de sentido crítico.

La evaluación debe ser para el educador una práctica de discernimiento, de aprendizaje, de conocimiento, de comprensión, de reorientación de las acciones, de los procesos, de los resultados y de la realidad. Es decir, la evaluación debe ser el pretexto para que el educador reestructure su práctica pedagógica y comience a gestar el ciudadano que la sociedad Colombiana pide a gritos.


























BIBLIOGRAFIA


ARANCIBIA, V (2006). Los sistemas de medición y evaluación de la calidad de la educación. Laboratorio Latinoamericano de evaluación de la calidad de la educación, UNESCO.


BORJAS, Mónica (2008). La evaluación de programas educativos a la luz de la pedagogía crítica. Documento Notas de Clase, Uninorte.


DELORS, J (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana- UNESCO

HORN, R.; WOLFF, L.; VÉLEZ, E. (1991). Establecimiento de sistemas de medición del rendimiento académico en América Latina. Un análisis de los problemas y la experiencia más reciente. Programa de estudios regionales, Banco Mundial.

PSACHAROPOULOS, G; CHU NG. Y. (1992). Earning and Education in Latin America. Assessing Priorities for Schooling Investments. Education and Employment Working Papers, WPS1O56. Technical Department Latin America and the Caribbean Region, The World Bank.